martes, 22 de octubre de 2013

Mis amigos- Oscar Wilde

"Escojo mis amigos no por la piel u otro arquetipo cualquiera, y sí por la pupila.
Tiene que tener un brillo cuestionador y una tonalidad inquietante.A mi no me interesan los buenos de espíritu ni los malos de hábitos.Me quedo con aquellos que hacen de mí un loco y un santo.De ellos no quiero respuesta, quiero mi opuesto.Que me traigan dudas y angustias y aguanten lo peor que hay en mí. Para eso, sigo siendo loco.Los quiero santos, para que no duden de las diferencias y pidan perdón por las injusticias.Escojo mis amigos por la cara lavada y por el alma expuesta.No quiero solo el hombro o el regazo, quiero también la mayor de las alegrías.Amigo que no ríe con uno, no sabe sufrir con uno.Mis amigos son todos así: mitad estupidez, mitad seriedad.No quiero risas previsibles ni llantos piadosos.Quiero amigos serios, de aquellos que hacen de la realidad su fuente de aprendizaje, pero luchan para que la fantasía no desaparezca"

viernes, 9 de agosto de 2013


"Ella es mi mitad 
me acompaña a soñar 
soy mas fuerte y me alegro 
cuando ella esta "

Hoy estás deprimida, hoy estás mal, y yo, en mi deber de amiga, me siento en la obligación de tratar de subirte el ánimo. No soy tierna, ni chuchi, ni me salen fáciles las cosas lindas (lo sabes muy bien), pero voy a tratar de hacer lo mejor posible para hacerte sentir, al menos, un poquitito mejor. 
Pasamos muchas cosas, amiga, mucho agua bajo el puente; algunas las vivimos juntas, otras las contamos como si fuesen viejas anécdotas y otras tantas las negamos como si nunca hubiesen pasado. Y entre todo ese agua que vimos pasar vimos pasar buenos y malos momentos, caras de chicos que nos gustaban, caras de amigos que siguen o no estando junto a nosotras, nuevas personas que se sumaron a la locura, anécdotas y recuerdos que siempre vamos a llevar en la mente grabados a fuego. 
Buenas y malas; solas y acompañadas; riendo, llorando, peleando, hablando o simplemente en silencio; cuando queríamos estar solas o cuando queríamos compañía. Siempre estuvimos ahí para la otra, sin importar la distancia, las peleas o las circunstancias. 
Tenemos miles de recuerdos juntas, desde el Magic Face hasta el estilo dadá del Mc Donalds, miles de cosas que siempre vamos a recordar con risas y esas lágrimas que se producen por recordar tan buenos momentos. Pero, principalmente, tenemos mucho futuro junto (ya lo has dicho vos), muchas cosas que nos faltan vivir... ¡Tenemos que inaugurar "Inframundo Editoriales"! y publicar À tout... y espero que algún día venga corriendo el pequeño y hermoso Remus y me diga Tía Maga (o como quiera decirme) y que mis hijos te digas Tía Face o Tía Tori.
Y espero que no creas estas palabras como simples palabras que se pueden perder con el tiempo, que el viento se las puede llevar, porque no es así. Espero que puedas comprender que te lo digo de verdad, que aunque no lo demuestre seguido no es porque no quiera, simplemente no me sale hacerlo, pero quiero que comprendas que te adoro con el alma. 
Y, también, que sepas comprender que este mensaje no va dedicado a vos, a esa Vero Maltempo externa que se hace la fuerte e irrompible. Este mensaje va dedicado a Tori (o Rouxie... o ambas), a esa loca bomba explosiva que se quiere hacer siempre la fuerte pero que por dentro es de cristal, y que a veces ese interior se rompe y hay que arreglarlo, pegarlo pedazo por pedazo. Y ahí es donde quiero que te grabes a fuego en la piel que yo estoy acá para vos (la letra con sangre entra... dijo una vez una hija de puta).
Te amo hermana, porque mi amiga dejaste de serlo hace mucho tiempo, y no sé si te lo demuestro, no sé cómo demostrártelo, pero debes saebrlo. te amo loquita mía, y siempre voy a estar ahí para vos, como vos estuviste para mí, siempre al pie del cañón, lista para ayudarme. Y así voy a estar yo, lista para ayudarte a levantarte cuando te caigas. Un tropezón no es caída, y un colapso no es la muerte.
"Amiga eres mi socia 
para mirar la vida"
Hace un tiempo hicimos esa promesa, yo no la voy a faltar. Te amo!


martes, 30 de julio de 2013

¿Imposible?


Los sueños no conocen de imposibles
  1. Ser feliz
  2. Disfrutar de todo
  3. Ir a Broadway
  4. Conocer y recorrer París
  5. Recolectar naranjas en Australia
  6. Hacer un safari
  7. Hacer parapente
  8. Hacer salto bungee
  9. Tirarme en paracaídas
  10. Ir a Disney
  11. Conocer Gran Bretaña
  12. Ir a la India
  13. Recorrer el mundo
  14. Recorrer Argentina en motorhome
  15. Recibirme
  16. Caminar por el Central Park
  17. Conocer Abbey Road
  18. Escribir un libro infantil
  19. Terminar À tout
  20. Hacer un curso de fotografía
  21. Comprarme una cámara profesional
  22. Aprender a tocar la guitarra
  23. Volar en avión
  24. Ver cada recital de SKA-P que pueda
  25. Tatuarme la frase de "Harry Potter"
  26. Tatuarme el zorro de "El Principito"
  27. Hacerme los tatuajes con May y Vero
  28. Tatuarme "Across the universe"
  29. Ver a Ringo Starr
  30. Conseguir un dibujante
  31. Tener los dibujos de À tout
  32. Hablar francés
  33. Montar un elefante
  34. Acariciar una jirafa
  35. Conocer el amor
  36. Escalar una montaña
  37. Sufear
  38. Bucear
  39. Escalar
  40. Esquiar
  41. Montar un camello
  42. Tocar una catarata
  43. Pintar un graffiti
  44. Nadar con delfines
  45. Pasear en globo aerostático
  46. Ver un atardecer en París
  47. Bailar bajo la lluvia en Londres
  48. Ir a Hawaii
  49. Patinar en un lago congelado
  50. Adentrarme en una selva por un día
  51. Conocer todos los lugares que aparezcan en "1000 sitios que ver antes de morir"
  52. Conocer la biblioteca de Alejandría
  53. Tener una gran biblioteca
  54. Recorrer parte del mundo con mi vieja
  55. Ir a Nueva Orleans
  56. Ir al carnaval de Venecia
  57. Conocer la tumba de Borges
  58. Pisar el teatro isabelino
  59. Conocer La Sorbonne
  60. Realizar un viaje para encontrarme conmigo misma
  61. Conocer los mejores músicos callejeros del mundo
  62. Conducir un auto a excesiva velocidad
  63. Aprender arquería
  64. Ver un mundial en persona
  65. Ver los juegos olímpicos en persona
  66. Aprender origami
  67. Aprender a tejer
  68. Aprender a coser
  69. Leer al menos 300 libros
  70. Aprender inglés
  71. Aprender latín
  72. Aprender griego
  73. Conocer a J.K
  74. Mudarme sola
  75. Diseñar mi casa
  76. Aprender a manejar
  77. Sacar el registro
  78. Conocer el carnaval de Brasil
  79. Ir a Las Vegas
  80. Casarme en joda en Las Vegas
  81. Apostar un sueldo en una mesa de poker o blackjack
  82. Dormir en una cama de agua
  83. Pasar una noche en el bosque
  84. Dormir en una casa del árbol
  85. Dormir bajo las estrellas
  86. Ver un amanecer en la playa
  87. Dejar una huella en el cemento
  88. Tener sobrinos
  89. Ser madrina
  90. Tener hijos
  91. Votar
  92. Plantar un árbol
  93. Permanecer una semana sin tecnología
  94. Ver un eclipse lunar
  95. Ver un eclipse solar
  96. Ver una estrella fugaz
  97. Viajar en helicóptero
  98. Donar sangre
  99. Hacer trabajo de voluntariado
  100. Militar en un partido
  101. Ir a la Tomorrowland
  102. Ir al festival de country
  103. Ir a Tennesse
  104. Montar en caballo
  105. Nadar con tiburones
  106. Nadar en el mar de noche
  107. Ir a la playa con amigos
  108. Vivir cerca de un Starbucks
  109. Tatuarme el símbolo de la paz
  110. Ir a canto
  111. Patinar
  112. Hacer baile
  113. Aprender a tocar el piano
  114. Vivir
  115. Ir a una cena de gala
  116. Tener un programa de radio
  117. Estudiar edición gráfica
  118. Editar un libro
  119. Aprender a cocinar
  120. Comprarme una polaroid
  121. Recorrer Egipto
  122. Recorrer los campos de concentración
  123. Aprender a tocar el violín

viernes, 26 de julio de 2013

Me acosté en el pasto y miré el cielo, a mi lado estaba Camila, siempre tan descreída y apurada. Tardé quince minutos en convencerla para que bajemos del auto y disfrutemos de este paisaje, de lo claro y despejado que está el cielo y lo hermosa que está la tarde.
Ayer a la tarde llovió y, aunque el suelo ya está seco, todavía se puede encontrar en el ambiente ese olor a tierra mojada que tanto recuerda al verano, a todas las noches que uno pasó despierto con sus amigos, leyendo un libro, escuchando música o simplemente haciendo nada, escuchando la lluvia de fondo y marcando en su memoria esos recuerdos que siempre vienen cuando se está en una situación similar.
Los pocos árboles que se alzaban, lo hacían altos y frondosos y cubrían todo a nuestro alrededor, brindando sombra y viento en ese día tan caluroso pero lindo al fin y al cabo. El pasto funcionaba de almohada y, a pesar de todo lo que rezongó mi amiga, pudimos sentarnos a disfrutar de ese maravilloso día. 
Comencé a ver las nubes, era un juego para chicos, lo sé, pero me encantaba tratar de encontrarle alguna forma a las nubes y comparar con las formas que habían encontrado mis amigos, incluso estado solo lo hacía, era algo totalmente fascinante.

- Esa se parece a una sirena entrada en kilos tirándose al agua- murmuré totalmente emocionado.
- Las sirenas viven en el agua nabo- dijo mi amiga-. Además es una nube y, por ende, tiene forma de nube, no de sirena entrada en kilos.
- Que aguafiestas que sos Camila.
- No, estoy siendo realista, lo que pasa es que vos vivís en tu nube imaginaria donde una mancha y una nube, valga la redundancia, tienen forma de cosas que existen y de cosas inventadas por el hombre.
- Andá a cagar- fue lo último que dije antes de levantarme y volver al auto.
Me senté, usando la puerta del conductor como respaldo, y encendí un cigarrillo, ya estaba cansado de esos comentarios que hacía mi amiga, pero no le decía nada porque sabía perfectamente cómo se ponía cuando alguien le discutía sin un fundamento totalmente científico. A los minutos escuché la puerta del auto abrirse y cerrarse y la radio encenderse, seguramente mi amiga se había cansado de fingir que veía las nubes y había vuelto al auto.
Observé el paisaje un rato más, hacía tiempo que no estaba solamente conmigo mismo, hacía bastante tiempo que no estaba solo, pensando y replanteando las decisiones que había tomado y las que no. Encontré, junto a la rueda del auto, un pedazo de espejo y lo tomé; lo que reflejaba no era lo que yo recordaba que debía ser, físicamente era igual, pero había algo que no debía ser así. El espejo ya no mostraba a ese nene inocente que lo único que creía era que nada era imposible. Ese espejo mostraba otra cosa, me reflejaba de una manera más oscura. Inconscientemente me toqué la muñeca, los tajos denotaban esa oscuridad y esa desazón que lentamente había ido naciendo en mí. La marca de los huesos alrededor de los ojos, lo chupado de mis mejillas, la manera en que notaba mis costillas cuando me rozaba con el brazo, todo mostraba lo distinto y lejos que estaba de ser ese nene inocente. Sin embargo, a pesar de la depresión, la tristeza y el enojo, me sentía más vivo y fuerte que nunca.

Desolación

Esa sensación después de ver una película y creer que todo está perdido. Esa sensación mucho más grande que una simple depresión. Ese sentimiento de desesperanza, de dolor, de tristeza. Esa sensación de que no importa cuánto puedas hacer, va a seguir siendo insignificante.
Puede sonar exagerado, extraño, incluso naif; pero cuando uno llena su alma, su corazón, su mente de ilusiones, utopías y esperanzas, es desolador ver como en un simple minuto todo puede llegar a su fin, cómo sin importar las fuerzas con las que uno luche, no necesariamente esas fuerzas, ganas y esperanzas se transformen en realidades.
Lo cierto es que uno siempre se llena de ilusiones, es la forma que encuentra el ser humano para poder salir adelante de los problemas que pueda llegar a tener. Pero cuando esas ilusiones son más grandes, cuando va más allá de un simple sueño, cuando dejan de ser ilusiones y pasan a ser utopías e ideales, es más desolador para el alma ver la forma en que todo puede terminar con un simple parpadeo.
No caben dudas que después de estos sentimientos uno vuelve a recobrar las esperanzas, creyendo que todo puede ser mejor, que todo puede salir adelante y que esos ideales pueden transformarse en realidades. Pero lo real es que siempre existen esos sentimientos cruzados, esos pensamientos positivos y negativos que pelean por ganar. Y por un tiempo ganan los negativos, y creemos que todo está perdido, que no hay salida de esa realidad que no nos gusta y que nuestros ideales son simples utopías que van a terminar muriendo con nosotros. Pero dejarse guiar por el miedo, dejar que nuestros temores nos manejen es peor que ser utópico y después creer que esas utopías van a morir con nosotros. Dejarse dominar por el miedo es morir en vida, y estar muerto en vida es peor que morir con y por nuestros ideales.

miércoles, 24 de julio de 2013

Noches de verano

El sol bajaba lentamente, era un día de calor igual a tantos otros que se vivían en pleno verano. El viento mecía las hojas de los árboles, los últimos rayos solares iluminaban el cielo tiñéndolo de un anaranjado que, en pequeños lugares, se mezclaba con algunos rosados o violáceos. Desde la calle se podían ver los pequeños mechones rubios de la joven que descansaba sobre la baranda del balcón, su pelo, al igual que los árboles, se movía al son del viento y su risa se escuchaba desde la tan silenciosa calle.
Artemisa estaba acostumbrada a esas noches de verano, ya no le afectaba tanto el calor. El año anterior había sido peor, o eso creía ella, por eso no lo sufría tanto; Scott, sin embargo, era un recién llegado a la ciudad y nunca había vivido un calor tan insoportable. Pequeñas gotas de sudor caían por su rostro, la remera ya había desaparecido de su cuerpo para el momento en que la temperatura alcanzó los 38° y recién cuando anochecía y la temperatura comenzaba a descender lentamente, se daba el lujo de salir del departamento y observar la calle.
No entendía las grandes ciudades y nunca iba a entenderlas, la rubia se había esforzado por mostrarle otras cosas pero él seguía sin cambiar su modo de verlas. Esa noche se encontraban solos en el departamento, James y Lyra habían salido a cenar juntos y les habían dejado la casa para ellos dos con la esperanza de que alguno diera el paso final y se atreviera a hablar seriamente con el otro.
Misa, como le decían sus amigas, volteó en el balcón y, mientras observaba el andar de las personas, colgó el teléfono y lo guardó en el bolsillo. El silencio era algo completamente extraño en una ciudad tan grande como esa, y era mucho más extraño para una ciudad capital. Pero la rubia ya estaba acostumbrada a que, en pleno enero, la gente desaparecía para pasar sus vacaciones en la playa. De hecho, todas sus amigas estaban vacacionando en la casa de una de las chicas del grupo. Luisina, la enana como le decía Misa, tenía una casa en Gesell y siempre se iban de vacaciones ahí; pero ese año Artemisa no había podido ir porque no quería dejarla a Lyra sola.
Sintió un par de brazos rodearla por la cintura, era Scott que había decidido salir un rato del encierro en el que vivía. Le dejó un beso en el cuello antes de apoyar su cabeza en el hombro de la rubia y sonreír por ese momento.
- Hacía mucho que no teníamos el departamento para nosotros solos- murmuró el castaño mientras le acariciaba la mano a Misa.
- Hacía mucho que no te acercabas para otra cosa que no sea solamente tener relaciones- respondió ella mientras lo empujaba suavemente y se encaminaba al ventanal que separaba el living del balcón.
Scott agarró la mano de la rubia antes que entrara completamente y tiró de ella hasta tenerla lo más cerca posible, le acarició la mejilla y la besó lo más cariñosamente posible, dejando entrever todas esas cosas que habían pasado inadvertidas. Cuando se separaron una suave sonrisa descansó en el rostro de ambos y Misa entendió todo lo que ocurría... ahí se explicaban todas las sonrisas sin razón aparente, los abrazos cuando ella estaba mal, las caricias en el brazo o en el pelo, todos los "Buenos días" y "Buenas noches", los juegos, las conversaciones... todo lo que ella creía que marcaba una distancia de amistad entre ambos se explicaban con ese simple y dulce acto.
- Te amo- murmuró él antes de volver a fundirse en un beso que llevaba semanas esperando.

martes, 23 de julio de 2013

Las lágrimas ya acudían a su rostro cuando cerró el ventanal, no quería que nadie la viese llorar ni que le dijeran nada sobre el tema. Ninguno entendía por qué estaba así y no quería tener que explicar nada al respecto. Se apoyó contra la pared y se dejó caer, las piernas le temblaban, los ojos le ardían y nada en ella hacía que se sintiera al menos un poco mejor, su cuerpo no la ayudaba a mejorar su estado de ánimo.
Esa era su última noche en ese departamento, había decidido no volver ahí para no seguir lastimando a nadie. Ya le había dejado una carta a Alex explicándole todo lo que verdaderamente sentía y diciéndole que todo lo que él creía era falso, que alguien lo había engañado; también le había dejado una carta a Emilie, su mejor amiga, diciendo lo mucho que lamentaba la pelea y que, al igual que lo habían hecho con Alex, a ella la habían engañado. En ninguna de las dos cartas decía que iba a quedarse, en ambas les decía lo mucho que los quería pero que debía irse, que ella no pertenecía a ese lugar y que nunca iba a hacerlo.
Secó las lágrimas que rodaban por sus mejillas, pero pronto aparecieron más para reemplazarlas. Cansada dejó que las lágrimas fluyeran y, así, tratar de aliviar el dolor que sentía recorrer su cuerpo.
Su madre, la misma que años atrás la había abandonado, había sido la mejor amiga de la mamá de Emilie, la mujer que la cuidó toda su vida. No lograba entenderlo, Anne tendría que habérselo contado en algún momento, en definitiva la conocía desde que era apenas una recién nacida.
Cerró los ojos y apoyó la cabeza en sus rodillas mientras el mismo recuerdo se reproducía una y otra vez en su mente. Recordaba que era una noche completamente gris; sus padres estaban discutiendo y ella ya no podía fingir que dormía, se acercó a la escalera y se sentó allí, abrazándose a las rodillas y llorando silenciosamente. Desde la muerte de su hermano las peleas eran constantes y nada parecía calmarlas, pero sus papás fingían llevarse bien mientras estaba ella presente, creyendo que así se borraba el dolor de escucharlos discutir todas las noches. Pero ese día era distinto, no era una pelea más... era la definitiva. Violet vió como su madre le tiraba un florero a su padre, mientras él trataba de hacerla quedar; ella le gritó, lloró y le dijo que nunca más volvería pero que esperaba que fuera feliz, al menos por su hija. Agarró dos valijas que estaban en la entrada de la casa y salió, para no volver más.
La rubia sintió un brazo que le rodeaba los hombros y volvió a la realidad sólo para encontrarse con unos ojos marrones que la miraban curiosos. Trató de alejarse mientras se secaba las lágrimas, pero Alex la obligó a quedarse ahí, junto a él.
- Prometiste no confundirme con tus sentimientos- dijo el castaño, recordando una conversación que habían tenido al principio del verano.
- Bueno... vos prometiste no romperme el corazón- respondió ella-, pero se ve que ninguno de los dos pudo cumplir.
- Por dios Vi, no podés decir eso. ¿Dónde quedó esa chica inquieta y decidida de la que me enamoré? ¿La que lucha por cada cosa y que prefiere hacer todo lo que esté a su alcance, y más, para ganar antes que renunciar a algo? ¿Dónde quedó esa chica que no da el brazo a torcer nunca? Porque ésta no sos vos... Violet Stevens no renunciaría nunca, no le daría a nadie el gusto de verla rendirse.
- Bueno... ¿Sabés algo? Estoy harta de fingir que nada me duele, estoy harta que jueguen conmigo, estoy harta de todo esto. Soy una persona igual que todos ustedes ¿si? y sé reconocer una causa perdida... me cansé de luchar por todo. Me cansé Alex, me cansé- murmuró ella antes de romper en llanto.
El castaño la abrazó con fuerza y le acarició el pelo.
- Yo nunca rompería tu corazón Vi- le dijo, obligándola a mirarlo a los ojos.

- Y yo nunca jugaría con tus sentimientos- respondió ella secándose las lágrimas-, pero se ve que inconscientemente lo hicimos.

lunes, 22 de julio de 2013

Tori

La castaña se sentó en la cama, un café sobre la mesa de luz y las fotocopias que debía leer a su lado; tomó la primera y la miró, no sabía de qué se trataba pero se quedó observando la poco pulcra letra de su amiga. “S.T. siempre al rescate” le había escrito la clase anterior de Matemáticas, clase en la que ninguna de las dos entendía cómo era que debían hacer las cosas.
Se sentó en la cama y tomó una de las fotos colgadas en el corcho. No tenía muchas ganas de ponerse a hacer ejercicios y, en realidad, su mente vagaba trayéndole distintos recuerdos. Miró la fotografía por un momento, todavía recordaba esa escena como si hubiese ocurrido el día anterior.
La pelirroja, cansada de esperar a su amiga en la puerta de la residencia Elizabeth I, decidió ir a buscar a la castaña al edificio Newton, lugar en el que Sofía padecía sus clases particulares con el profesor de Matemáticas. Llevaba dos vasos de café y aguardaba, recargada en la pared, la salida de su amiga.
A las seis en punto la puerta se abrió y Victoria pudo ver a la castaña salir del edificio acompañada del profesor Saller, bajaron los escalones juntos y separaron sus caminos.
-¿Y?- preguntó la pelirroja. Sofía parecía mareada, no paraba de rascarse la cabeza y refregarse los ojos.
-No me entra más conocimiento, Face- respondió recargándose junto a su amiga y tomando el café que ella le tendía-, te juro que tengo la cabeza absolutamente quemada.
-Bueno, quizá lo que veas ahora te cambie un poco el panorama- dijo Tori al ver pasar caminando a Victorio, Alejandro y Adrián, sus profesores de literatura, filosofía y química respectivamente.
-Hola, sí… poder venir a enseñarme a leer cuando quieras- murmuró Sofía. Ambas se miraron de reojo y largaron una carcajada. Se conocían lo suficientemente bien como para saber que mirar a un chico implicaba alguno de esos comentarios, pero no podían evitar la risa cuando la otra los hacía.
Victoria se acomodó el pelo automáticamente; para la castaña ese no era un problema, llevaba su boina perfectamente acomodada y los mechones de pelo caían lacios y bucleados sobre sus hombros.
El ruido de la lluvia hizo a Sofía volver a la realidad, en algún momento de toda esa escena había aparecido su prima para sacarles esa fotografía. En realidad, y si la sacaban del contexto, lo que se veía no era más que dos amigas recargadas sobre una pared, charlando y riendo. Pero para ellas, que sabían quiénes estaban del otro lado de la cámara, en realidad no significaba sólo eso.
Se volvió a recostar en la cama, estaban a pocos días del invierno y eso significaba que ya se acercaba la fecha en la que se cumplirían doce años de conocer a su explosiva amiga. Intentó recordar cómo había llegado la pelirroja a su vida, en qué momento dejó de ser simplemente la vecina de sus tíos y comenzó a ser su amiga, pero no lograba recordarlo… quizá había pasado muy rápido, no lo sabía, pero simplemente no se imaginaba su vida sin esa chica.
Inconscientemente comenzó a pensar en todo lo que significaba para ella. La pelirroja, su aliada… la había lastimado tanto y, sin embargo, ella seguía ahí, al pie del cañón, lista para cuando su castaña amiga la necesitara.
Tori era la hermana que Sofía nunca había tenido, y simplemente eso podía responder cada vez que le preguntaban por qué esa chica que, a simple vista, parecía tan arisca y mala era tan importante para ella. No lograba imaginar un día sin su pelirroja, sin sus mensajes a cualquier horario y diciendo cualquier tipo de cosa.
Se habían peleado miles de veces pero se habían arreglado siempre, sin importar el tipo de pelea que hubiesen tenido. Y, a pesar de cualquier adversidad que hubiesen pasado, siempre supieron que en la otra podían encontrar un puerto al que volver cada vez que necesitaran tocar tierra conocida.
Tori era una bomba a punto de estallar en cualquier momento, pero siempre estaba dispuesta a prestarle su oído a la castaña. Siempre estuvo ahí para ella, en todo momento, en cualquier circunstancia. Y, ante todas las cosas, siempre estuvo dispuesta a defenderla ante cualquier persona que quisiera lastimarla.
No eran demostrativas pero, a su manera, lograban expresar el amor que se sentían. En su forma, medio agresiva medio tierna, ciclotímica y a las puteadas, ambas sabían que en la otra habían encontrado una hermana con la que contar siempre y, por sobre todas las cosas, fiel. Porque ese era uno de los rasgos más importantes que la castaña rescataba de su amistad con la pelirroja, sin importar nada siempre le fue fiel.
 Victoria era, principalmente, esa chica que la acompañaba a volar pero que, también, la ayudaba a recordar el terreno por el que caminaba. No recordaba la última vez que habían logrado mantener una conversación seria. Pero, ¿para qué quería tener una conversación seria cuando podía tener mil y una conversaciones extrañas que empezaban en un punto y terminaban en otro totalmente distinto?
Su amistad con la pelirroja era eso, siempre a las puteadas y a las piñas, pero se conocían lo suficiente como para saber qué decir y cuándo decirlo. No había pensamiento que cruzara la mente de la castaña que no fuese, automáticamente, escrito en un mensaje y enviado a su amiga. No había secretos entre ellas porque, aunque intentaran guardar algo, no lograban mantenerlo escondido por más de dos segundos; simplemente se conocían tanto que lograban saber cuándo la otra quería decir algo o estaba ocultando algo, incluso podían saber cuándo era un secreto o cuándo era una situación que, en realidad, la angustiaba y por eso lo escondía.
Sabían qué decir y qué no para lastimar o hacer sentir mejor a su amiga; sabían cuál era el momento indicado para hablar y en cuál debían permanecer calladas y dejar actuar a la otra; incluso sabían cómo actuar para demostrarle que estaba errando pero sin decir una palabra.
Los consejos de la pelirroja siempre eran los mejores porque, principalmente, nadie entendía y conocía a la castaña como lo hacía esa chica. Conocía sus sentimientos, sus modos, sus actos; sabía cuándo era temor lo que paralizaba a su amiga o cuándo actuaba acorde a su modo de ser. Conocía cada recóndito rincón de la mente y del corazón de la castaña y era, por eso, que podía aconsejarla mejor que nadie. La conocía tanto que incluso sus consejos sobre el amor eran los mejores, no había como la pelirroja para entender todos los problemas de Sofía con ese tema y para hacerla entrar en razón hablándole desde ese punto.
Sus padres nunca le habían dado una hermana, pero la vida se había encargado de presentarle a la castaña una, quien, en su opinión, era la mejor que podía haberle tocado. Las diferenciaban centenares de rasgos, físicos y mentales, pero su unión era más fuerte, iba más allá de esas diferencias. Porque, principalmente, las unían miles de otras cosas: su pasión por la música; su amor a Ska-p, esa banda que las había unido cada día más; sus libros, conocidos o desconocidos, pero que ambas disfrutaban tanto juntas como separadas; su pasión por la escritura, pasión que las unía siempre que podía; sus miles de mensajes de texto que siempre terminaban en canciones; las películas, series y dibujos animados; sus profundas ganas de ir, siempre, al cine; su pasión por el fútbol, tanto para jugarlo como para verlo. Pero también las unían miles de sus formas de ser: su manera de rechazar todo aquello que rozara lo cursi y extremadamente romántico; su manera de vivir a las puteadas y mandando a la mierda a la gente; no dejarse pasar por encima, no dejarse atropellar por nadie.

Sofía sabía que ambas tenían motivos para mandarse a la mierda y cortar con esa amistad, pero simplemente no podía concebir su vida sin esa chica. Amaba con todo su corazón a su pelirroja amiga, era capaz de hacer cualquier cosa por ella y trataba de demostrárselo cada vez que podía. Pero, por sobre todas las cosas, admiraba profundamente a esa chica; su capacidad de ser fuerte siempre, sin importar la circunstancia que la rodeara; su modo de encontrar luz en plena oscuridad; su forma de ser, de no dejarse pasar por encima por nadie, nunca; su modo de hacer siempre todo a su forma, incluso en los momentos en los que no debía o no podía hacerlo así. Y, principalmente, lo que más amaba de su pelirroja amiga era que siempre, ante todas las cosas, se había encargado de enseñarle a la castaña a ser mejor persona todos los días.